Textos

Tú habitación

Desde aquí todavía puede parecer que estás; tus cosas siguen aquí, tal como las dejaste. Pero hay algo en el ambiente que lo niega. Quizás precisamente que todo esté como lo dejaste hace ya 6 años. Supongo que ahora el cuarto está un poco más lleno de trastos y un poco más vacío de ti. Ya no suena tu música, ni sopla el viento en tu ventana, ya no se cuela la luz por debajo de tu puerta, ya no haces ningún ruido.

Ahora que no estás, me parece más fea la habitación, más aburridas las tardes, y menos sabrosos los huevos fritos de los miércoles. A todo le faltas tú.

Reconozco que me cuesta entrar, entrar y que no estés. Por un lado siento tu habitación helada, y por otro me da la sensación de que el aire está espeso y respirar se hace una misión complicada. Sin embargo sigo esperando, esperando a que un día vuelvas,  y volvamos a reírnos, discutir; simplemente a que volvamos a estar.

Ahora que nos contaminaron con las distancias voy a decir lo más obvio; y es que 2.000 kilómetros duelen más que dos pasos. Te escribo porque es más fácil que decírtelo entre cortes de conexión de una pantalla pixelada. Te escribo porque es difícil ponerle voz a estas palabras sin que se me haga un nudo en la garganta. Y todo esto te lo escribo desde la habitación de enfrente, asomada a la puerta que da directamente a tu cuarto.

Escribo al pasado, al presente y al futuro, a un tiempo para cambiar las cosas, para devolvernos lo que es nuestro, para no tener que echarte de menos cada día. Se castiga con el exilio intentar tener un futuro, a veces incluso un presente. Y entre tanto, los que aún nos quedamos nos sentimos castigados por vuestra ausencia. Hasta que se logre ese cambio, seguiremos mirando la misma luna, seguiremos sonriéndote por la pantalla lo que te lloramos por las noches. Seguiremos. Sé que no te puedo pedir que vengas y que te quedes hasta que pase la tormenta, pero en esta casa todos soñamos con ese día. Ojalá todo fuera más fácil.

He de confesar que he encontrado cierto regocijo a tener que comprimir mis esenciales en maletas  de 21 kilos medidas milimétricamente. A hacer largas colas, despertarme a horas ilícitas y a pasar dos horas y media comprimida entre un señor que se duerme casi encima de mí y una ventana helada. Al menos sé que después de cada aeropuerto estás tú. Y ya sabes que siempre nos encontrarás a los cuatro: papá, mamá, yo y por supuesto la perra. Yo soy feliz de poderte disfrutar esos 15 días al año que conseguimos vernos. De poder sentir por unos momentos que nada ha cambiado, que todo sigue como si nunca te hubieses ido; y por un instante me lo creo. Sin duda alguna te has convertido en mi estación favorita del año (sea cuando sea que vengas).

Desde aquí todavía puede parecer que estás; muchas veces así lo siento. Siento que todavía voy a discutir contigo por quién se ha puesto más patatas fritas, o por los pelos en el cuarto de baño, o por haberte robado una camiseta. Siento que en cualquier instante vas a venir a echarte la siesta conmigo y a enseñarme a cocinar algo sano sano y rico rico; todavía pienso en canciones para enseñarte o series y películas con las que tirarnos la tarde tiradas en el sofá. Todavía te siento cerca.  Sobre todo cuando te escribo estas palabras con vergüenza a que las leas. Porque escribirte es verte de nuevo, es por un instante sentirte con más intensidad y más cerca.

En cuanto a tu cuarto, sigue como lo dejaste, por si algún día te decides a volver y llamarlo hogar.

Este texto fue premiado en el Certamen de Relato Corto 2017 como Autor Local en Las Rozas.

16 escalones y 8 pasos

Hoy ya hace tanto que la conozco. A ella, y a sus ires y venires. A su forma de sonreír y a su forma de mirar. Me he hecho a ella, y a sus malas costumbres. Me he enamorado de sus andares y me he acostumbrado a verla dibujar el mundo para después colorearlo con su presencia.

Se sabe hermosa con sus balanceos de niña buena. Se sabe hermosa dejando que el viento despeine su pelo. Siempre ha estado aquí. Siempre me ha tenido ahí. Tenía que ser ella. Ella la responsable de la mejor amistad que jamás he vivido. Sabe hacerme sentir viva, y descubrir que la existencia es infinitamente mejor a su lado. El destino, Dios o Buda, me da igual, se encargó de dejarme con lo mejorcito que hay sobre este mundo. Y se preocupó de no separarnos nunca. Porque nuestras casa distan 16 escalones y 8 pasos. Porque las anécdotas del instituto son siempre a su lado. Porque la tierra roja africana nos ha manchado los zapatos al mismo tiempo y nos ha unido más que nunca. Porque definitivamente esto es para siempre.

Sin embargo este año nadie nos verá en tu noche entrelazando risas mientras cenamos.  Hoy nadie nos verá compartir conversaciones mientras la noche azul cae sobre el cielo estrellado. No me faltes nunca. Aunque la noche se nos venga encima y el sol no quiera salir. No me prives de ti.  Entré en tu vida, y desde entonces, he tomado la decisión de caminarla entera a tu lado. Me haces creer y me demuestras que en el mundo realmente existen cosas buenas. Esto es una declaración de intenciones. De la intención de no perderte nunca, de mantenerte siempre con la cabeza arriba, de seguir estando ahí para ti en todo momento. No somos amigas de la urbanización, ni amigas del instituto, ni siquiera amigas de viajes. Lo nuestro no es una mera amistad. Lo nuestro es una vida entera juntas. Lo nuestro, desde hace ya 20 años, es una cuestión de familia.

Porque nuestras casas siempre disten 16 escalones y 8 pasos. Felices 20 bonita mía.